Ayer fui testigo de una de las tardes más bochornosas y esperpénticas de toda mi vida. Desde los 16 años estoy metida en movimientos sociales y creo que no he sentido tanta vergüenza ajena en un acto. Y creo que he estado en unos cuantos.
No voy a entrar en detalles, quien quiera más información que pregunte. Sólo quiero decir que estoy profundamente contenta de que al fin haya otra alternativa de izquierdas en el País Valenciano que se aleje de los discursos violentos, de la tensión como herramienta. Porque es tan innecesaria... Teniendo la razón en la mano, ¿para qué apelar al grito, al insulto, a la descalificación gratuita, al hooliganismo? Con lo maravilloso que es la diversidad, ¿por qué no aceptarla sin más? ¿Por qué es necesario para algunas personas presentar un proyecto atacando con tanto odio y virulencia a las demás?
No lo entiendo
No lo comparto
No lo apoyo.
Ayer le comentaba a algunas personas que mi padre era no sólo votante del PP, sino afiliado convencido. En las elecciones siempre participaba como interventor. Y a pesar de nuestras diferencias ideológicas, nos encantaba debatir paseando por la Avenida Marítima de mi ciudad natal. Jamás jamás nos faltamos el respeto, ni necesitamos gritar para imponer nuestros criterios. Por eso no entiendo cómo una persona de izquierdas necesita hacerlo. Y no lo comparto. Porque una cosa es debatir y otra pelear.
Por culpa de esa tensión absur
da apenas pudimos entrar en materia ni dar las gracias, como se merecían, a dos mujeres que nos han ayudado a hacer historia (a quienes pido disculpas de corazón por el lamentable show que tuvieron que soportar). Creo que jamás hemos contado en este país con dos diputadas como Isaura Navarro y Carmen Montón. Nos han defendido a muerte, tanto dentro del Congreso como fuera de él. Y por encima de disputas
electorales, debemos ser lo suficientemente objetivos como para reconocer ese hecho. Como lesbiana, como activista LGTB, les doy las gracias de corazón por su compromiso con nuestra dignidad y felicidad. Porque sé muy bien de lo que estoy hablando. Porque las he visto en mil escenarios distintos y siempre estaban dándonos su apoyo incondicional.
Espero que las dos vuelvan de nuevo al Congreso, porque queda mucho camino por recorrer y necesitamos aliados convencidos como ellas. Con los pies sobre la tierra.
Y a quien sólo sabe sembrar odio, rencor y violencia, me temo que sólo recogerán los frutos de semejantes semillas. Eso sí, conmigo que no cuenten. Para mí han dejado de existir.
Vergüenza ajena.
Vergüenza ajena.
Menos mal que la gente de izquierdas valenciana que respeta la diversidad de verdad tenemos una nueva opción de futuro*. No pueden hacerse a la idea de lo importante que resulta este hecho para mucha gente, entre la que me incluyo.
*Hablo de Iniciativa del Poble Valenciá, quienes han hecho coalición con Bloc y Els Verds para presentar una candidatura conjunta. Acepté ir en esta candidatura (el 13) precisamente para respaldar esta nueva alternativa de izquierdas en el PV, que como lesbiana y ciudadana me parece absolutamente necesaria. Ayer fue la confirmación de que tomé la decisión correcta.
Stalin: no, por favor. Quédate en el siglo XX.
No lo entiendo
No lo comparto
No lo apoyo.
Ayer le comentaba a algunas personas que mi padre era no sólo votante del PP, sino afiliado convencido. En las elecciones siempre participaba como interventor. Y a pesar de nuestras diferencias ideológicas, nos encantaba debatir paseando por la Avenida Marítima de mi ciudad natal. Jamás jamás nos faltamos el respeto, ni necesitamos gritar para imponer nuestros criterios. Por eso no entiendo cómo una persona de izquierdas necesita hacerlo. Y no lo comparto. Porque una cosa es debatir y otra pelear.
Por culpa de esa tensión absur
da apenas pudimos entrar en materia ni dar las gracias, como se merecían, a dos mujeres que nos han ayudado a hacer historia (a quienes pido disculpas de corazón por el lamentable show que tuvieron que soportar). Creo que jamás hemos contado en este país con dos diputadas como Isaura Navarro y Carmen Montón. Nos han defendido a muerte, tanto dentro del Congreso como fuera de él. Y por encima de disputas
electorales, debemos ser lo suficientemente objetivos como para reconocer ese hecho. Como lesbiana, como activista LGTB, les doy las gracias de corazón por su compromiso con nuestra dignidad y felicidad. Porque sé muy bien de lo que estoy hablando. Porque las he visto en mil escenarios distintos y siempre estaban dándonos su apoyo incondicional.Espero que las dos vuelvan de nuevo al Congreso, porque queda mucho camino por recorrer y necesitamos aliados convencidos como ellas. Con los pies sobre la tierra.
Y a quien sólo sabe sembrar odio, rencor y violencia, me temo que sólo recogerán los frutos de semejantes semillas. Eso sí, conmigo que no cuenten. Para mí han dejado de existir.
Vergüenza ajena.
Vergüenza ajena.
Menos mal que la gente de izquierdas valenciana que respeta la diversidad de verdad tenemos una nueva opción de futuro*. No pueden hacerse a la idea de lo importante que resulta este hecho para mucha gente, entre la que me incluyo.
*Hablo de Iniciativa del Poble Valenciá, quienes han hecho coalición con Bloc y Els Verds para presentar una candidatura conjunta. Acepté ir en esta candidatura (el 13) precisamente para respaldar esta nueva alternativa de izquierdas en el PV, que como lesbiana y ciudadana me parece absolutamente necesaria. Ayer fue la confirmación de que tomé la decisión correcta.
Stalin: no, por favor. Quédate en el siglo XX.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada