Hoy me he levantado con un deja vu de los chungos. Me ha recordado otros amaneceres de hace cinco, cuatro o diez años atrás, cuando abrías la página de un periódico y de nuevo algún simpático miembro del PP o acólito volvía a cuestionar la capacidad de gays y lesbianas para criar hijos. Cuando por fin creías que quedaba claro, de nuevo toca volver a desempolvar el argumentario. No importa lo que diga el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, no importa la realidad.
Goebels vuelve a la acción.
Si se dan cuenta, el PP nunca se mete con los grandes de la clase. Les hace guiños serviles: al sector empresarial, al bancario. Les trae magdalenas y manzanas (peras no), les hace chistes simpáticos. No. El PP sabe con quién es más inteligente meterse: con los débiles, con los que no tienen imperios económicos que puedan dañarles. Con las minorías.
Yo que he crecido mirando la vida desde la esquina del patio sé cómo se comportan los abusones. Sé que cuanto más déspotas, más miedos tratan de cubrir. Intentan forjar una identidad imposible a base de distraer al personal. Y así es este Partido Popular que nos toca sufrir. Cuánto daría por una derecha alejada de su extremo, una derecha que no imitara a los cangrejos.
Este partido abusador tiene blancos fáciles: inmigrantes, minorías sexuales... Nos usan a su antojo como cebo de centro o de extrema derecha, en función del día. Nos quitan derechos, se inventan falacias sobre nuestra realidad- siempre por nuestro bien. Porque claro, siempre nos quieren.
Me recuerdan, ya de adulta, a los maltratadores. Con una mano te acaricio y con otra te pego un puñetazo en el estómago. Hoy te digo te quiero, mañana te quiero arruinar la vida.
Así no se puede vivir. Quiero, por favor, que quien lea esto me ayude a vivir una vida sin miedo. Sin miedo a tener que levantarme cualquier día y tener que volver a escuchar la voz de quien dice quererme bien, pero sólo sabe traer dolor, angustia y temor a mi vida y a la de quienes quiero. Basta ya de jugar con nosotros y nosotras, con nuestra dignidad y estabilidad. Basta ya de esta tensión. Basta de mentiras, de calumnias, de inventar lodo donde ha quedado ya muy claro que no lo hay. Estoy harta. Muy harta. Y cabreada, oh sí. Muy cabreada.
Pero volveré a sacar la lista de razones por las que mi compañera y yo podemos ser una estupenda familia para nuestros hijos. La sacaré todas las veces que haga falta, señores y señoras del PP. Pero espero que esta impunidad con la que nos vuelven a agredir día a día les pase factura. Aún me queda energía en este cuerpo para pelear por ello. Mucha.
Goebels vuelve a la acción.
Si se dan cuenta, el PP nunca se mete con los grandes de la clase. Les hace guiños serviles: al sector empresarial, al bancario. Les trae magdalenas y manzanas (peras no), les hace chistes simpáticos. No. El PP sabe con quién es más inteligente meterse: con los débiles, con los que no tienen imperios económicos que puedan dañarles. Con las minorías.
Yo que he crecido mirando la vida desde la esquina del patio sé cómo se comportan los abusones. Sé que cuanto más déspotas, más miedos tratan de cubrir. Intentan forjar una identidad imposible a base de distraer al personal. Y así es este Partido Popular que nos toca sufrir. Cuánto daría por una derecha alejada de su extremo, una derecha que no imitara a los cangrejos.
Este partido abusador tiene blancos fáciles: inmigrantes, minorías sexuales... Nos usan a su antojo como cebo de centro o de extrema derecha, en función del día. Nos quitan derechos, se inventan falacias sobre nuestra realidad- siempre por nuestro bien. Porque claro, siempre nos quieren.
Me recuerdan, ya de adulta, a los maltratadores. Con una mano te acaricio y con otra te pego un puñetazo en el estómago. Hoy te digo te quiero, mañana te quiero arruinar la vida.
Así no se puede vivir. Quiero, por favor, que quien lea esto me ayude a vivir una vida sin miedo. Sin miedo a tener que levantarme cualquier día y tener que volver a escuchar la voz de quien dice quererme bien, pero sólo sabe traer dolor, angustia y temor a mi vida y a la de quienes quiero. Basta ya de jugar con nosotros y nosotras, con nuestra dignidad y estabilidad. Basta ya de esta tensión. Basta de mentiras, de calumnias, de inventar lodo donde ha quedado ya muy claro que no lo hay. Estoy harta. Muy harta. Y cabreada, oh sí. Muy cabreada.
Pero volveré a sacar la lista de razones por las que mi compañera y yo podemos ser una estupenda familia para nuestros hijos. La sacaré todas las veces que haga falta, señores y señoras del PP. Pero espero que esta impunidad con la que nos vuelven a agredir día a día les pase factura. Aún me queda energía en este cuerpo para pelear por ello. Mucha.

1 comentarios:
A mi me tiene alucinando la precampaña. Es como si el abuson de turno fuera tan imbecilmente consciente de su supuesta y falsa superioridad que no tuviera ningún pudor en decir exactamente lo que piensa. Imagino que alguna lumbrera de Génova en algún momento se le encenderá una bombillita, porque como sigan por ese camino hablando de contratos de inmigrantes, de la incapacidad de los homosexuales para educar o de la única familia que importa... me parece que en un mes a Rajoy le llegan las vacaciones indefinidas.
Estoy deseando ver cual será la siguiente, seguro que nos sorprende.
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